Dejame de Joder

Vendo (subasto) mi libro firmado por J.K. Rowling

Llega un momento en la vida (ojalá fuera solo uno, pero suelen ser varios) en que uno está obligado a hacer cosas, por más que éstas lo hagan infeliz o no sea lo que uno busco. Allá, hace un año y meses, cuando recibí en mis manos el libro firmado por J.K. Rowling, prometí no venderlo jamás.

Las circunstancias cambiaron y me encuentro ante la situación que hubiese querido evitar toda mi vida. Me encuentro ante ella más rápido de lo previsto: si algún día tendría que venderlo creí que sería dentro de muchos años, cuando los recuerdos del momento en el que lo recibí sean apenas borrosos y confusos. Por desgracia, el venderlo llegó mucho antes.

Necesito el dinero por una urgencia -por problemas que no voy a comentar acá-, así que estaré aceptando ofertas para comprarlo en mi dirección de email: patriciotarantino@gmail.com.

Acepto ofertas de todo el mundo. Si el comprador no está en Capital Federal, Argentina, lo enviaré a donde se necesite. El comprador pagará los gastos de envío, que haré recién cuando haya recibido el pago.

Dejo fotos del libro firmado. La carta, por cuestiones sentimentales, no se incluye en la venta.

Los Hombres Sensibles, los Refutadores de Leyendas y los Reyes Magos

Todos conocen la aguda polémica que suele encenderse en Flores cuando se acerca el seis de enero.

Los Refutadores de Leyendas cumplen en esos días horarios especiales y desatan una intensa campaña. Naturalmente, tratan de esclarecer a los chicos acerca de la verdadera identidad de los Reyes Magos. Los más desaforados no vacilan en afirmar que estos personajes no existen y que la eventual aparición de juguetes sobre el calzado infantil es el resultado de sigilosas maniobras de los padres, amparados en las sombras de la noche.
Sus argumentos –hay que decirlo- son bastante sólidos. El profesor Pedro del Moro los ha reunido y codificado en su libro Los Reyes son los padres. Esa obra, cuyo sólo título presagia revelaciones apocalípticas, comprende tres grandes capítulos, cada uno de ellos con razonamientos de distinto color.

El primero se titula Testimonios. Cerca de doscientas personas cuentan experiencias personales que abonan la tesis central del libro. Transcribimos algunos fragmentos:

“… Me costó dormirme. Siempre me pasaba lo mismo en noches como aquélla. Ese año mis pedidos habían sido bastante módicos. Un encendedor, una afeitadora eléctrica y una caja de lápices. A medianoche me desperté sobresaltado: ¿Había puesto mis zapatos en el pasillo? Me levanté para comprobarlo. Y entonces, en la penumbra del pasillo, subrepticio como un ladrón, hincado sobre mis viejos mocasines, vi a mi padre con los regalos. Se levantó lentamente. Durante un largo nos miramos con encono.
–De modo que así son las cosas –le dije.
–Déjame que te explique…
–No papá –no me importó ser cínico-. Creo que ya es demasiado tarde para explicaciones…”

Es probable que los berretines novelísticos del profesor del Moro conspiren contra el estilo expositivo que es deseable en toda obra de especulación científica. Las otras historias del primer capítulo son –si bien se las mira- todas iguales: sujetos que sorprenden a sus padres en situaciones comprometidas, confesiones espontáneas de padres arrepentidos, trampas preparadas de antemano y hasta fotografías reveladoras. El más impresionante es el caso de un estudiante de farmacia que habiendo entrado en sospechas a causa del demasiado trato con las ciencias, amenazó a su madre con un arma hasta que la pobre mujer reconoció sus usurpaciones.

En el segundo capítulo, Del Moro apela al sentido común. Básicamente sostiene:
A) Que es por lo menos improbable que tres personas visiten todas las casas del mundo en una sola noche.
B) Que también resulta difícil admitir que puedan acarrear en sus bolsas centenares de millones de juguetes.
C) Que los regalos que amanecen sobre los zapatos el 6 de enero parecen más paternales que reales, sobre todo en el precio.

Sobre la alfalfa que algunos niños dejan en el patio, Del Moro opina que es ingerida por los padres, quienes de este modo no solamente serían los Reyes Magos, sino también los camellos.

El tercero y último capítulo es una larga serie de consejos sobre la conveniencia de no fomentar ilusiones en los niños y de explicarles todo, en términos amables pero rigurosamente exactos.

Los Hombres Sensibles de Flores, por el contrario, prefieren que los chicos crean en los reyes, en las hadas y en el mundo de los sueños.

Por eso cada vez que se encuentran con un pibe le cuentan que hay ratones que dejan dinero bajo las almohadas, si uno les pone un diente. O que el hombre de la bolsa se lleva a quienes sienten repugnancia por la sopa. O que soplando panaderos se consigue lo que uno quiere. O que pisando baldosas rojas se ahuyentará al demonio. O que haciendo gancho con los dedos se impide a los perros exonerar sus intestinos.

En la anual discusión de los Reyes Magos, los Hombres Sensibles acusan a los Refutadores de Leyendas de obrar con el único propósito de ahorrarse el regalo. A su turno, los Refutadores declaran que muchos pibes de Flores fingen creer, aun siendo escépticos, al solo efecto de recibir un trencito o una pelota. “Es una infame actitud –dice el profesor Del Moro en su libro-; es propia de niños perversos y mezquinos. Qué se puede esperar de quienes venden su inocencia por una bicicleta?”.

Los Hombres Sensibles tienen en esos asuntos algunos aliados indeseables. Muchas personas que se jactan de su dulzura suelen cometer el desatino de intentar la demostración racional del mundo mágico, para convencer del todo a los chicos.

Así, cada Navidad, docenas de pajarones se disfrazan de Papá Noel (una ilusión gringa, les garanto). Otros hacen el Rey Mago y hasta llegan a saludar y besar a sus sobrinos para que crean o revienten.

Desde luego, esto no debe extrañarnos en un mundo en que la gente cree solamente en lo que se ve y se toca. No comprenden estas personas que es cien veces más verosímil un personaje que no se ve jamás y tiene la apariencia de nuestros sueños, que el chitrulo pintado de negro, que se ha puesto el batón de nuestra abuela, se parece al tío Raúl y huele a cerveza.

Yo no creo que los chicos se traguen esos disfraces. En los tiempos de mi infancia, la tienda Gath&Chaves solía exhibir en sus salones a los Reyes Magos. Yo tenía 5 años, y aunque era bastante pavote, razonaba que se trataba de tres impostores pagados por la tienda. No era posible que quienes provenían del Barrio Celeste anduvieran tomando partido por la prosperidad de una casa de comercio.

Manuel Mandeb en su estudio Ilusiones eran las de antes se queja de esa tendencia a la garantía visual. Veamos:
“… En estos asuntos el exceso de pruebas es más sospechoso que la ausencia de ellas. Muchos niños han creído en los Reyes hasta que los vieron. Lo único que hay que hacer es sembrar la ilusión. Después ésta crecerá sola. Nada de disfraces ni payasadas. Si insistimos en mostrar al niño todo aquello cuya existencia postulamos, llegará un día en que el pequeño sabandija nos exigirá que le mostremos el desengaño o un átomo o una esperanza. Y como no podremos hacerlo, el tipo reputará inexistentes a esperanzas, desengaños y átomos…”.

No andaba desacertado Mandeb. Cuando uno ve películas de terror cree firmemente en el monstruo hasta que lo ve. Entonces descubre que no se trata del verdadero horror (que existe positivamente dentro de nosotros) sino de un truco lamentable. Pero algunos párrafos más adelante, el pensador árabe vuelve a caer –como tantas veces- en el desafortunado rumbo de los tomates. Siguiendo con el criterio de no aportar pruebas concretas, Mandeb llega a insinuar la conveniencia de suprimir el regalo de Reyes por considerarlo una concesión improcedente.

“… Así todo sería ilusión: los Reyes, su visita y aun el regalo, del que podría hablarse, pero que sería imposible de ver y tocar. Los niños correrían en monopatines imaginarios, shotearían pelotas soñadas, que son las mejores porque nunca se pinchan ni se pierden ni son cortadas en pedazos por los vecinos intolerantes”.

Mandeb pensaba, además, que la abolición de la recompensa ennoblecía la creencia y –por otra parte- eliminaba injusticias. “Los chicos pobres son capaces de sueños tan rumbosos como los de los príncipes”.

Manuel Mandeb, como tantos Hombres Sensibles, creía realmente en los Reyes Magos. Todos los cinco de enero ponía sus zapatones en la ventana de la pieza de la calle Artigas donde vivió muchos años. Jamás le dejaron nada, es cierto. Pero el hombre suponía que esto obedecía a su conducta, no siempre intachable. En los días previos, las viejas del barrio creían notarlo amable y compuesto. Quizás no eran suficientes esos méritos de compromiso. No es fácil engañar a los Reyes.

Muchos de sus amigos sintieron alguna vez la tentación de dejarle algún regalito. Pero no quisieron engañarlo. Ellos también esperaban con él. Y hacían fuerza para que alguna vez apareciera aunque más no fuera un calzoncillo.
Nunca ocurrió nada, pero la fe de los Hombres Sensibles de Flores no se quiebra fácilmente.

¿Qué virtud encierra creer en lo evidente? Cualquier papanatas es capaz de suscribir que existen las licuadoras y los adoquines. En cambio se necesita cierta estatura para atreverse a creer en lo que no es demostrable y –más aun- en aquello que parece oponerse a nuestro juicio. Para lograrlo hay que aprender –como quería Descartes- a desconfiar del propio razonamiento. Por supuesto, en nuestro tiempo cualquier imbécil tiene una confianza en sus opiniones que ya quisiera para sí el filósofo más pintado.

La incredulidad es –según parece- la sabiduría que se permiten los hombres vulgares.

Nosotros resolvimos apostar una vez más por las ilusiones.

Por eso hicimos nuestras cartitas, pusimos nuestros enormes y pringosos zapatos en las ventanas, en los patios y aun en los jardines.

Y el seis de enero recogimos nuestros sencillos regalos y se los mostramos a los vecinos.

–Mire lo que nos trajeron los Reyes.

Algunos Refutadores de Leyendas nos miraban con envidia, silenciosamente.

Texto de Alejandro Dolina, de su libro “Las Crónicas del Ángel Gris”. Felicidades en estas fiestas a todos.

Mi Mejor Inversión

No sé si la mejor inversión que hice en mi vida fue la mejor decisión que he tomado en toda mi vida, pero sin duda fue una de las decisiones que la cambiaron por completo. No la hice pensando en eso, al contrario, no la hice pensando en que cambiaría mi vida, si no que invertí con desconfianza, pensando que era una pérdida o un capricho. Pero fue un simple giro del destino (de esos que tanto me gustan) que me marcó y todavía me sigue marcando.

La mejor inversión no la hice ni siquiera en Buenos Aires, mi ciudad. Fue una noche de verano, y lamento con certeza haber olvidado la fecha, pero seguramente fue en febrero de 2005. Salí con mis padres y mis abuelos a dar una vuelta por la peatonal de Miramar, la ciudad donde suelo veranear; y vi, en una vidriera, algo que me quise tener. Me lo voy a comprar, le dije a mi mamá, y su consejo de que no lo haga, de que no me iba a servir, era justo lo que esperaba oír: yo también lo sabía. No iba a conseguir nada, no iba a conseguir sacarle el provecho para lo que estaba hecho.

El capricho fue más fuerte y esa noche me fui a dormir con un poco menos de dinero pero con un libro más en mi haber: un manual de PHP. En el momento no supe cómo eso iba a afectarme, pero ahora, mirándolo para atrás, es tan sencillo darse cuenta que ese libro -o esa compra- fue la semilla de todo lo que vino luego.

Si yo no hubiese sabido PHP, si yo no hubiese sabido programar, hoy no sería yo. Puede que en otra dimensión paralela haya otro Patricio, sin conocimientos de programación, más feliz o más triste, pero seguramente un 100% diferente a mí. Porque a partir de la programación conocí gente y viví experiencias que de otro modo no hubiesen sucedido. Y sobretodo, a partir de ese libro, pude trabajar, conseguir mi plata y así tener todo lo que hoy tengo (o alguna vez tuve).

Ese libro de PHP ya no lo tengo más. Decidí regalárselo a una persona que lo necesitaba más, porque de la misma forma que a mi me cambió, y agotó todos sus recursos en mí; pensé que tenía lo mismo para dar para esa otra persona. No sé si la va a cambiar, pero al menos espero que la haya ayudado y haya solucionado ese problema por el cual acudió a ese manual al que le debo mucho.

Y es extraño, pero mi mejor inversión, mi mejor compra, fue pagar por algo que en Internet hubiese estado totalmente gratis. Muchas veces me pregunto… ¿vale hoy en día comprar una enciclopedia teniendo a Wikipedia? ¿alguien sigue comprando diccionarios inglés-español-inglés teniendo traductores online de muchos más idiomas? Y, aunque parezca extraño, mi mejor inversión todavía me dice que .

Stephen King lee DJM?

Stephen King es, por lejos, del autor que más libros leí. Habré pasado fácil las dos decenas y quizás más. Pero esta vez no voy a hablar de sus obras -aunque le debo un post a esto, es cierto-, sino de algo que dijo.

No voy a creer que Stephen King (Fepe le diría Esteban Rey) leyó DJM antes de dar sus declaraciones al USA Weekend, pero no están alejadas de lo que dije últimamente -en realidad de lo que dije siempre- sobre Crepúsculo y Stephenie Meyer.

“Stephenie Meyer no puede escribir nada. Ella no es buena. La gente se siente atraída por las historias, por el ritmo en que éstas van, y en el caso de Stephenie Meyer, es bastante claro que ella escribe a toda una generación de chicas, abriendo un tipo de vinculo seguro de amor y sexo en esos libros. Es emocionante y es intenso, y no es particularmente amenazante porque no son abiertamente sexuales. Mucho de su lado físico se transmite por parte como cuando el vampiro toca su antebrazo o roza una mano sobre su piel, y cuando ella se ruboriza cuando pasa de fría a cálida. Para las chicas, esa es una explicación para los sentimientos que aún no están listas para enfrentar”.

De todas formas, lo gracioso es ver los comentarios que dejan las chicas fanáticas de estos libros en blogs y ese tipo de cosas sobre Crepúsculo. Es increíble como insultan (bien a lo ¡HOYGAN!) a Stephen King, sin ni siquiera saber quién es o qué hizo por la literatura estadounidense.

PD: Si quieren leer un buen libro sobre vampiros, El Misterio de Salem’s Lot los va a dejar con la boca abierta.

Basta con la mentira de Crepúsculo

¿Vieron que ahora todas las adolescentes, que tienen sus hormonas en un gran caldero en ebullición (como dice Ayelén), están enamoradas de Edwardcito? Eso no me parece mal; al contrario, me parece genial que una gran mayoría esté enamorada (o sienta cierta devoción o lo que fuera que sea eso) de un personaje literario, antes que un cantante trucho o un personaje de una tira de Canal 13.

Lo que me molesta es que afirmen que la razón es otra que el físico del actor que encarna el personaje en la película. Porque si bien puede que alguna que otra sí esté, el mayor porcentaje dice que le encanta Edwardcito porque es un dulce, porque trata a las mujeres como ninguna y porque no existen hombres así; y niegan que sea el físico lo que les atraiga.

Si eso fuera verdad… ¿por qué no están enamoradas de King Kong? El monito éste es mucho más tierno, dulce, y con el corazón lleno de un amor más puro: se enfrenta a dos dinosaurios y a uno inclusive ¡le parte la mandíbula! por una rubia que sabe que jamás le va a dar bola. En cambio el vampirín loco se aguanta de morfarle el cuello porque quiere estar con ella… ¡el medio que evita es el propio fin que busca!

Buffy La Cazavampiros: ¿Se resiste Eduardo a comerse dos pechugas?

Buffy La Cazavampiros: ¿Se resiste Eduardo a comerse dos pechugas?

Pero no sólo Edward no les permite ver la belleza interior de otros personajes tan inverosímiles como él; si no que les hace creer que ningún hombre es capaz de hacer eso. Mujerniñas, os voy a revelar el mayor secreto que podráis descubrir durante este año (bueh, tampoco tanto): cuando un hombre está enamorado de verdad, es capaz de eso y mucho más. Pero repito, tiene que estar enamorado de verdad. Tampoco esperen que porque les quiera hacer el culo se vaya a sacrificar por ustedes cuando venga el tren; pero si está de veritas enamorado de ustedes, no duden que el muchacho va a hacer que Edward parezca un poroto al lado suyo.

Sin palabras (Ahora Carta Scaneada)

Era un día atípico para Patricio ese jueves de octubre. Digamos que era un día como hoy. Patricio entraba a las 13 hs al colegio, para salir 14:30 hs; así de sencillo. Un módulo de una materia, y a casa, a trabajar.

Eran cerca de las 2 de la tarde cuando Patricio oía algún tema de Sabina en su celular y de repente, el sobrecito que indicaba un nuevo mensaje se encendía. Su madre le indicaba que había llegado un paquete de UPS a su nombre, a su casa. Patricio se sorprendió porque, al contrario de sus épocas donde compraba por E-bay, esta vez, no esperaba nada.

El tiempo restante y el viaje en colectivo de regreso estuvieron innundados de suposiciones sobre el contenido de ese paquete. Quizás era el cheque de Google Adsense, que la vez anterior había llegado en un paquete un tanto extraño.

Entró, Patricio, a su casa, y vio el paquete de UPS. Un tanto extraño, su cara superior era rectangular. Abrieron, primero, la envoltura de UPS, no sin antes notar que venía del United Kingdom. Adentro, Patricio (y su madre, que estaba con él también compartiendo ansiedad) se encontraron con una caja de cartón que no tardaron en abrir. Allí, adentro, estaba el último libro de Harry Potter, “Harry Potter and the Deathly Hallows”, en su versión estadounidense.

Patricio no entendía por qué había recibido este libro, pero se alegraba! ¡Un libro más -y qué libro- para su colección! Hasta que lo abrió, y en la primer hoja se encontró con un sobre que rezaba “Patricio Tarantino”, llamándolo. Lo tomó, pensando “Ah, acá debe decir que gané un concurso o algo así”, intentando inventar una explicación. Y comenzó a abrirlo cautelosamente por la solapa donde había sido pegado, hasta que vio una “J” manuscrita que le resultó conocida. Visión que hizo que Patricio rompa la solapa del sobre para sacar la carta que jamás hubiese pensado recibir: una carta de J.K. Rowling, autora de los libros de Harry Potter, para Patricio.

La leyó sin leerla mientras de su mano se adueñaba un parkinson temporal. La emoción lo llenaba y no podía dejar de mirar la carta, con el “Dear Patricio” y la fecha “10/10/08″ manuscritas… y la firma de abajo, firma que conocía de memoria. Pero algo en su cabeza se activó y recordó “¡El libro!”. Y abrió las primeras hojas hasta que vio lo que creyó imposible:

 

To Patricio, with love from J.K. Rowling

Patricio se sintió, por unos segundos, el chico más afortunado y feliz del universo. Después de unos segundos alguien le arrebató el puesto, pero él seguía igual de tembloroso. Rowling, la misma Rowling que escribió los libros, le escribía una carta para agradecerle por la carta que él le había envíado a fines de julio ‘07, y no solo una carta para agredecerle, sino que le enviaba un libro firmado también.

Patricio buscó el archivo .doc de la carta que él había enviado hasta que recordó que había sido manuscrita. Sin embargo, recuerda que en ella hablaba sobre su experiencia personal para con los libros, y también que le comentaba a JK sobre la comunidad argentina de Harry Potter que dirigió tantos años.

Patricio quisiera transcribir la carta que dice “Patricio, I loved your letter, and I am enclosing a signed book as a mark of my grattitude” y en la que la que la misma escritora le pide disculpas por tardar tanto en responder; pero en estos momentos no puede mirarla durante un tiempo sin distraerse. Sin embargo, para cerrar el post que más le gustó vivir (y escribir, why not?), va a dejar tres imágenes de la carta. Los que sepan inglés y tengan buena vista, podrán leer algo. Aquellos que no, podrán esperar si quieren.

   

Ahora pueden ver la carta scanneada (en inglés, obvio):

Reparto de Sueños

[Leyendo el gran libro Crónicas del Ángel Gris, de Alejandro Dolina...]

Sueños rojos, azules y verdes,
Tengo sueños de todos los colores.
Sueños blancos y sueños rosados
Para todas las pibas de Flores.

Hay un sueño, tan largo
Que al soñarlo se escapa la vida.
Y uno corto que es como un suspiro
Quien lo sueña, sueña que suspira.

En esta canasta
yo traigo, señores
los sueños famosos
del barrio de Flores.

Tengo un sueño, dorado, imposible,
Tan hermoso que todos lo quieren
Y otro negro, perverso y terrible:
El que no se despierta se muere.

Tengo aqui, para dar a los pobres
Lujosisimos sueños reales.
Son los mismos que sueñan los reyes,
al soñar somos todos iguales.

En esta canasta
yo traigo, señores,
los sueños famosos
del barrio de Flores.

Alejandro Dolina.

Libro: Antología del Rock Argentino

Hoy me compré el libro Antología del Rock Argentino. Siempre había tenido esas ganas vacías de hacerlo, y hoy lo vi y a la mierda, lo compré. Está escrito por Maitena Aboitiz (que además es linda) y tiene entrevistas a los más grandes del rock argentino (exceptuando al Inidio -que se sabe que no le gusta la prensa- y Fito Paez -que por problemas de tiempo no pudo-).

Libro: Antología del Rock Argentino

El libro, es un pedazo de libro! (y en todo sentido, es bastante grandecito). Pero, respecto a contenido, es muy bueno. Los propios autores de las canciones hablan de sus canciones. Las explican, cuentan en que se inspiraron, por qué salieron, cómo salieron, etc. Genial.

También tiene “mini-secciones” donde los músicos dan su opinión breve de temas del ambiente, como “estructuras de la composición”, “canciones de amor”, etc.

Si te gusta el tema, y te interesa, lo tenés que leer porque es muy bueno. Es verdad que es un poco caro, pero bueh. Ya sabemos que acá no te regalan nada. Fuera de eso, el libro vale la pena.

Y aparte, Pappo, cada día me cae mejor. Voy a tener que empezar a comprar (claaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaro) sus CDs.

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