Dejame de Joder

Mentira

-Es mentira- dijo ella dubitativa, pero él no le prestó atención. Siguió leyendo lo que hacían sus contactos en Facebook, los grupos a los que se habían unido y las fotos en las que habían sido etiquetados.
-¿Qué?-, le respondió luego de unos segundos, pero ella ahora dudaba en si era bueno decírselo. Ella no respondió. -¿Qué decías, mi amor?-, le volvió a inquirir él.
-Es mentira lo del parto- dijo ella, con la garganta seca. Todavía no había consecuencias y ya se arrepentía.
-¿Cómo cómo?-
-Que es mentira lo del parto, todo el escándolo y que nos duele. ¿Ya lo imaginabas, no?-
-¿Qué? No, ¿cómo va a ser mentira? ¿Vos decís que…-
-Sí, es mentira- interrumpió. -No debería decírtelo, pero es todo una farsa. Todas las mujeres del mundo lo simulan como si fuerra terrible cosa, pero es mentira.-
-No, ¡cómo va a ser mentira!- dijo él incrédulo. Realmente no lo creía.
-Pero sí, cómo nos va a doler tanto el milagro de la vida!- dijo ella. -¿Mirá, alguna vez viste a alguna perra pariendo y que se muera de dolor?-
-No, pero…-
-¿Si fuera tan doloroso y se necesitaran tantas cosas que hacen los médicos, cómo es que en África las mujeres dan a luz a nueve pibes?-
-Y, pero…-
-No, pero nada. ¿No ves? De hecho, no es que no duele, si no que les gusta. ¡Esas mujeres dan a luz a nueve pibes! ¡Y sin un bisturí! ¿Entendés? ¡Sin anestecia!-
-Pero, ¿pero por qué lo hacen?-
-Y, ¡porque les gusta! Dicen que dar a luz es casi tan lindo como concebirlo. Yo no sé, pero-
-No, digo, ¿por qué mienten? ¿Por qué todas dicen que les duele? Aparte- y le vino una idea a la cabeza-, es imposible que todas -dijo estirando la o y la a- se pongan de acuerdo. ¿¡Vos y tus amigas les cuesta ponerse de acuerdo para ir a comprar ropa y se van a poner de acuerdo todas las minas del mundo!? ¡Dejame de joder!- terminó riéndose.
-¡Pero en serio! No sé como será en otros países, pero acá, después de tener tu primera vez, no sé como pero tu mamá te agarra y te lo cuenta. Y te dice que es una tradición de mujer en mujer y que si le fallás, estás fallando a todo lo que sos.
-Pará, pará- dijo él. Buscaba fallas al plan y encontraba fallas en todos lados-, qué pasa si tu mamá se murió antes de tu primera vez, ¿o no se da cuenta?-
-Siempre se dan cuenta, no me preguntes cómo. Igual, ¿viste mi amiga Cati? Bueno, a ella le fallecieron los padres cuando era chiquita, pero se lo dijo la hermana. Lo que nunca supe fue quién se lo dijo a la hermana, pero la cosa es que se enteró, me lo comentó cuando lo charlamos-
-Bueno, ¿y por qué se algunas mueren en el parto?-
-Bobo, ¡ninguna se muere del dolor! O se mueren por infecciones o se desangran, pero ninguna se murió del dolor de parir- dijo ella, mientras acercaba una silla a donde estaba él y se prendía un cigarrillo.
Él se quedó pensando y la miraba, le encantaba cuando ella se sentaba así, con las piernas cruzadas, el pelo recogido, un brazo -el izquierdo, la mayoría de las veces- que le cruzaba el pecho, y el otro apoyado en ese brazo, sosteniendo el cigarrillo al lado de su cara. Era una posición común, pero a ella le quedaba muy bien.
-Pará, a ver, pongamos las cosas en claro - dijo él, y levantó el puño cerrado-. A ustedes no les duele el parto, y decís que es una conspiración mundial femenina - levantó un dedo -, que encima les gusta - levantó el segundo - ¿y que vos ahora venís a destruír con toda esa mentira mundial contándomelo a mí? - levantó el tercero.
-Sí, sí y sí- contestó ella, con una risita nerviosa. ¿Y si de la misma forma que se daban cuenta que había tenido su primera vez, se daban cuenta que había revelado el secreto y la mataban, o, algo peor, lo mataban a él? Se paró de la silla y se fue a la cocina, a prepararse un café. Cuando volvió él estaba pensativo y con la cara gris.
-Pará, hace un mes tuvimos una charla, ¿te acordás?- le dijo él. Ella se acordaba.
-No, ¿cuál?-
-¿Te acordás? Dale, que hablamos de tener un hijo.-
-Ah, sí, sí- dijo ella, y miró por la ventana.
-¿Y entonces? ¿Por qué?-
-¿Por qué qué?-
-¿Por qué, cuando hablamos de tener un hijo, vos dijiste que no? Pusiste como excusa que le tenías terror al parto…-
-¿Yo? Yo no dije eso…
-Sí, vos dijiste eso. Que querías esperar…-
-No, no-
-Sí-
-Bueno, sí-
-¿Y entonces? ¿Por qué? ¿Por qué no quisiste?-
-Porque no te amo-

Superarse, de Van Gogh

Están los que llevan siempre la misma ropa,
Están los que llevan amuletos,
Los que hacen promesas,
Los que imploran mirando al cielo,
Los que creen en supersticiones…

Y están los que siguen corriendo cuando les tiemblan las piernas,
Los que siguen jugando cuando se les acaba el aire,
Los que siguen luchando cuando todo parece perdido, como si cada vez fuese la última vez, convencidos de que la vida misma es un desafío.

Sufren, pero no se quejan porque saben que el dolor pasa, el sudor se seca, el cansancio termina…
Pero hay algo que nunca desaparecerá, la satisfacción de haberlo logrado.

En sus cuerpos hay la misma cantidad de músculos,
En sus venas corre la misma sangre…
Lo que los hace diferentes es su espíritu.
Es la determinación de alcanzar la cima,
Una cima a la que no se llega superando a los demás,
Sino superándose a uno mismo…

Carta de Van Gogh a su hermano Théo.

Ríos

Las personas son como los ríos. Todos ellos se comportan así. Surgen y avanzan a través del espacio, algunos más lentamente que otros. Un porcentaje de ellos se encuentran y forman ríos más grandes y con más fuerzas, y otros se desencuentran y se ramifican, para terminar en el mar cautelosamente. Los ríos que se encuentran y se asocian saben lo que buscan; los otros simplemente se dejan de buscar.
Todos ellos van armando su propio camino a seguir. Algunos prefieren dejarse llevar y se desvían lo suficiente como para no hacer ningún esfuerzo; mientras que otros erosionan los obstáculos cualquiera sea el tiempo que necesiten y no se apartan tanto de su objetivo final. Estos últimos suelen conseguir lo que desean y no se fijan en las inversiones que se tuvieron que hacer, porque todo al final se recupera con la felicidad.
Muchos prefieron transportar los sedimentos de momentos anteriores y así llevar el pasado a cuestas, mientras que otros prefieren depositarlos en lugares seguros y desprenderse de todo aquello que ya no lo beneficien. La sinuosidad es otro factor: mientras están aquellos que recorren mucho sin avanzar, están, por otro lado, los que van directo y en forma recta a su objetivo.
Y es ahí por donde se debería juzgar a los ríos y las personas: no por su belleza ni su caudal, que es un factor que uno no determina (le tocó al nacer); sino por su sinuosidad. Carecemos, al igual que los ríos, de alas para volar y despegarnos del suelo; pero está en nuestras manos la decisión de qué camino tomar. Seguir el viento (donde quizás haya respuestas) o seguir nuestras convicciones. Seguir. Y no dejarse desviar por factores externos, por aquellos que estén del lado de afuera del corazón.
Porque las personas son como los ríos.

6 3 cosas chiquitas pero felices

Creo que lo que voy a hacer es bastante loco.

Bueno, no. No precisamente loco… ¿pero…? Alguna vez alguien vio que un autor responda un meme que le enviaron en un blog ajeno.

Bueno, agarrate, por que lo estoy haciendo.

Calculo que hasta altura, cuando algunos de los chicos del grupete ya dejo su firma en éste gran blog (que podría ser mejor aún si el autor no fuese tan vago :P ) se habrán dado cuenta que Pato se las tomó de joda y nos dejo a una manga de sacados y sacadas a cargo del blog.

Quien les escribe ahora es uno de ellos. Más precisamente Germán, más conocido por estos lares como el Negro.

Conocí a Pato aproximadamente hace un año, y con el tiempo se volvió un amigo con todas las letras. Más, inclusive, que algunos que tengo en mi propio Rosario. Compartimos charlas casi todos los días, trabajamos juntos en alguna que otra cosa y tenemos pensado seguir, nos juntamos una vez y estoy esperando poder ir a Bs As nuevamente para volver a hacerlo.

Como digo, encontré en Pato una persona con la que me gustaría poder hacer amistad más cercanamente. Creo que una tarde de coca con él debe ser esos momentos tontos y felices que no cambiarías por cualquier cosa. Germán lo debe saber bien.

Esas mismas cosas chiquitas que nos dan felicidad son precisamente de las que les quiero hablar, ya qué como comencé diciendo, ésto es un meme. Precisamente, éste, que me envío Sergio. Pero, como estoy de invitado acá, esas cosas felices van a tener una relación entre Pato y yo.

El meme original dice “6 cosas sin importancia que nos hacen felices”, pero yo prefiero cambiar el “sin importancia” por “chiquitas”… y tal vez el número 6 por uno menor si no estoy tan inspirado.

Como diría cerati, ahí vamos.

- Cuando uno empieza a hacer amistad con otra persona es muy común que en algún determinado momento, por alguna extraña razón, se cree una palabra mágica. Ésta nunca va a tener el significado para los demás como lo tiene para vos, esa palabra puede sacarte una sonrisa en momentos en donde otros la leerían una y otra vez y jamás entenderían por qué estamos colgados y sonrientes. Esa misma palabra es la contraseña de mi usuario en éste blog. Esa misma palabra, a veces no es ni una palabra…

- A todos nos gusta cuando por fin nos sale algo, es un instante en el que sonreímos felices pensando “una cosa menos”. Pato, gracias por tantos dolores de cabeza que me ahorras con todo lo que sabes de programación.

- Confianza. Bueno, acá ya me empecé a contradecir. Opino que la confianza no es para nada algo chiquito, pero que quieren que les diga, es imposible pensar 6 cosas felices de una misma persona y que encima sean chiquitas. Así que a mitad del meme cambio las reglas de nuevo y metemos un <strike> a “chiquitas”.
A veces es difícil confiar en una persona, y mucho menos cuando casi ni la conocemos. Pero me gusta saber que puedo confiar en él sabiendo que por más que lo haya visto una sola vez en persona no me va a traicionar. Y también saber que si se le pasa por la cabeza hacerlo tengo el poder de tirarle el blog al cuerno del hosting :P

En definitiva, no llegó a 6 ni empedo y no quiero embarrarla con sanateadas para completar. Pato, sos un groso y ya te lo dije, que la pases bomba en Bariloche y no vuelvas tan resacado que tenemos que trabajar, jaja.

Cuidate!

Pd: Actualiza WordPress vago!

Julieta (extended version)

Juileta era una genia maldita. Era imposible no amarla y no quererla a la vez. Me acuerdo que se quedaba toda la noche escribiendo y nos llamaba por teléfono, a cada uno, y nos empezaba a leer lo que escribía y nosotros no le contestábamos. Pero ella sabía que la escúchabamos… ¡cómo no escucharla! Si uno se desvivía por esos textos.
Otros momentos eran, por ejemplo, en el cine. Si uno se sentaba al lado de ella, era ver la película desde otro ángulo. Era muy difícil prestarle atención a la película y no oir lo que ella decía en voz baja. A veces hacía un análisis psíquico de los personajes en segundos, y otras veces hacia comentarios tan superficiales que uno se molestaba. Pero uno nunca podía dejar de escucharla.
Una de las mejores cosas que me enseñó Julieta fue lo de pintar poemas. Una tarde que casi llovía pero al final no llovió, me agarró y me dijo que si uno escribía un poema o una poesía o una canción en el asfalto, ésta no se borraba nunca. No hacía falta que fuera propio, podía citarse a un autor original o a un conocido con talento literario. Tampoco hacía falta que fuera con algo indeleble. Esa tarde lo hicimos con tizas rosas. Todavía, en ese pasaje que es Conde y Carabajal, se puede leer Lo Fatal.
A veces salíamos de noche con Julieta y otros amigos. Primero desayunábamos en alguna casa sustancias con elegancia, porque era preferible hacerlo en algún lugar privado y no a la intemperie; y después estábamos todos listos para conquistar la noche. Las noches solían durar varios días, pero eso era tema aparte.
Una vez, estábamos en un bar cercano a la 9 de Julio, que era por donde nos gustaba gastarnos la vida; y Miguel estaba muy borracho. Era de tomar poco, pero sus neuronas eran muy frágiles y le pegaba rápido. Y me acuerdo que me decía que veía a John Lennon, a Jimmy Hendrix, a Bob Marley, y estaban todos cantando una canción de Manal. Y era muy loco, porque yo había soñado la noche anterior que Manal cantaba canciones de Lennon, Hendrix y Marley. Y se lo dije, yo no entendía nada; aparte que vaya a saber Dios cuantos ácidos nos habíamos comido esa noche. Y me dijo que sí, que él sabía que yo lo había soñado porque él también lo había soñado. Y que él había estado en mi sueño, y me dijo las palabras que yo había dicho. Esa noche creí que los ácidos tenían un poder sobrenatural, porque bueno, es sobrenatural meterse en los sueños de los otros.
Me acuerdo que con el ácido la pifiamos bastante. Una vez estábamos tirados ahí en frente del Obelisco, y Julieta estaba cansada. Tenía muchos años encima, aunque solía vivir como una pendeja. Es que, si ella no le ponía esa actitud, se iba a morir de aburrimiento, porque nadie se muere de viejo. Un viejo se muere porque se aburre tanto en este mundo (que no está hecho para él), que prefiere ir a probar suerte al otro lado. Pero ella no; ella salía, y no dejaba nunca de pensar o tomar cosas para sus escritos.
Y bueno, esa noche llegamos ahí. Era de madrugada, no sé que hora, porque nos habíamos pasado antes corriendo de unos policías. Los polícias pueden terminar la noche antes, ¿verdad? Ellos pueden hacer que la noche no tenga el fin que se merece o inclusive que no tenga fin. Te pueden encerrar a las estrellas en una caja con barrotes, hasta si quieren.
Pero esa noche, estábamos en frente del Obelisco, tirados, algunos con más droga de la que podían haber soportado, y Julieta dijo “Negro”. Esa palabra no existía, la inventó ella en el momento. “Negro”. Repetía como si no se la quisiera olvidar. Yo la miré y tenía los ojos cerrados. Pensé que estaba soñando alguna cosa, o se estaba encontrando con algún muerto que se llamaba Negro, no sé. Y abrió los ojos y dijo “El cielo está Negro”. Yo no entendía que carajo quería decir. “¿En el cielo está Negro? ¿Quién es Negro?” le preguntó Oscar. Oscar era medio pelotudo y a veces se pasaba con la droga y quedaba peor, pero esa vez dijo algo coherente. Y ella dijo, levantando la mano y apuntando con el dedo índice a la luna “Está Negro, Negro. Es un adjetivo Negro. El cielo está Negro, muy oscuro”. Y lo miramos y le dimos la razón. Y yo en ese momento no pensé que ella había inventado un color, que se yo. Uno con el ácido no se da cuenta de todo, a veces, inclusive, no se da cuenta de nada.
El tema es que por ahí pasaron unos pibes en cuero, que se ve que tenían frio, pero que la escucharon. Y miraron el cielo, y bueno, sí. Estaba Negro. Ellos lo entendieron más rápido y empezaron a repetir “El cielo está Negro, el cielo está Negro”. No sé si era una especie de cántico que se habían inventado; pero la Julieta sí. La Julieta esa noche se inventó un color.
O la otra vez, fue cuando estábamos en un bar, y Mariana le decía que se vaya que la iban a matar. Que no se tenía que quedar ahí porque sino se iba a morir, y Julieta le contestaba que bueno, que se iba a reencontrar con Keith Richards. ¡La pelotuda nombraba gente viva! Hasta que nos dimos cuenta que se creía muerta y que iba a pasar para este lado, en vez de irse para aquel. Y no le pudimos hacer nada, porque ella quería cruzar.
Pero para mí que no se murió. Si te morís en ese estado, en un estado de inconsciencia, en la que tenés droga hasta abajo de las uñas, te quedás ahí para siempre. Yo creo que ella no se murió. El cuerpo de ella, estará flácido y sin vida. Pero su cerebro está bajo esos efectos eternamente; está en ese limbo de laureles y colores que ella conocia bien de tanto enceguecerse. Seguro ahora está charlando con Brian Jones. Ojalá.

Aproveche el LHC a su favor

Esta es una situación totalmente hipotética y no hay garantía de resultados favorables. Por lo tanto, ponerla en práctica corre bajo su propio riesgo; y al hacerlo, acepta que sobre mi persona no recaerá la más mínima responsabilidad, aunque usted termine muerto.

Supongamos, entonces, que usted es un aficionado de los blogs y por ende, está al tanto de lo que sucede en el mundo tecnológico y semi científico. Entonces, para usted, no será desconocido el LHC, el Gran Colisionador de Hadrones. No es necesario que sepa detalles de este aparatejo; pero no podrá negar que ha escuchado los rumores (y quizás no tan rumores) que aseguran que el LHC hará que el Universo, simplemente, se acabe.

Entonces, usted lleva una vida normal. No es un nerd ni mucho menos un geek; pero está al tanto del LHC y sus posibles desenlaces catastróficos. Y en uno de sus días de su vida normal, se encuentra caminando por la calle. Y, vislumbra, a lo lejos, una bonita mujer. No es algo nuevo eso. Posiblemente encontremos más de una muchacha linda en cada una de nuestras caminatas; pero ésta llevaba un aire especial.

Ella va caminando con sus botas altas, en un paso tranquilo. Lleva jeans y campera, ambos claros y ambos ajustados. Lleva, también, un gorrito de lana, del cual no se puede asegurar si está tejido a mano o fue comprado por Ebay. Pero ya nada de eso es importante. Mientras camina esos veinte metros que cada vez la acercan más, usted llega a leer la portada del libro que ella va leyendo ansiosamente por esa avenida un lunes a las siete de la tarde. “¿Web 3.0?”, alcanza a leer en silencio y llega a ver un borroso logo de Google en el fondo de la portada del libro. Y ella que cada vez camina más lento, como si hubiese llegado a un párrafo muy interesante, y usted que no entiende como alguien de esas características físicas también se sienta atraída por todo ese mundo de diseño y programación.

Y ahí comienza la fatalidad del asunto. Usted encontró la mujer que quizás nunca buscó, porque en el fondo llegó a pensar que no existía. Pero allí estaba, acercándose a usted, en un paso lento, con un libro que hablaba sobre internet en la mano. Y ahora los veinte metros eran quince próximos a ser diez, y usted tenía que actuar. Tenía escasos segundos para pensar algo original que decirle, algo que la cautive. Tenía casi la misma cantidad de tiempo que tarda en tipear su nombre de usuario y su contraseña; la misma cantidad de tiempo que tarda en ver que hay solo cinco artículos nuevos en el lector de feed, la misma cantidad de tiempo que tarda en buscar esa web que vio ayer pero que no recuerda en sus favoritos.

Y ahí volvemos al principio. Esa misma mañana había entrado a ese blog. A ese blog que le gustaba hablar de cualquier cosa con tal de llamar un poco la atención y que sus visitas suban. Y recordó que la última entrada era sobre la dichosa puesta en marcha del LHC que se había robado la popularidad que tuvo la Macbook Air en su momento. Y es que si el LHC no nos termina matando a todos, en cincuenta años cada uno de nosotros tendremos uno en nuestra casa. Y en ese momento, usted, lector, supo que la mejor manera de presentarse era hablando del LHC. Ella tenía que conocerlo. Su manera de vestir implicaba pertenecer a alguna especie de comunidad social como los bloggers, gente sobre la media que puede hablar civilizadamente de cosas importantes. Aparte, leía un libro que no podía llegar a ser tocado por alguien que no lea blogs. A menos, claro, que ese libro se lo haya prestado el novio. Pero usted prefirió pensar que ella no tenía novio, ni padres locos, ni hermanos guardabosques. Y que tampoco estaba implicada en ningún asunto ilegal (ya que estaba, usted pensaba lo que más le convenía).

Y mientras usted recordaba el post sobre la puesta en marcha y el fin del mundo que no había sucedido, ella ya estaba al lado suyo. Y usted, sin saber por qué, atinó a decir un simple -Disculpá-. Ella, la muchacha bonita que tenía cara de llamarse Julieta, o quizás Mariana; se frenó, lo miró, e instintivamente ocultó el libro atrás suyo. Usted quedó desconcertado. Si no sabía qué decirle antes, menos ahora que lo único que tenía a su favor era avergonzadamente escondido tras ella. Pero no desistió. Si iba a pasar el ridículo, mejor era hacerlo de una forma intelectualoide, con un piropo que solo una persona con una base cultural realmente sólida puede entender. Y usted disparó, no más:

-El ELE HACHE CE debe haber destruído el Universo, porque me parece que estoy en el cielo.-

Ella no habló. En esos dos segundos en los que ella intentaba entender todo este asunto, usted agradeció a aquel blogger que se dedicaba a hacer copy+paste para aumentar su gráfico de Analytics y que usted leyó por error esa mañana. Le agradeció a Dios por hacer que existan ese tipo de personas, que podían ayudar a uno, sin saberlo, a conquistar una chica por la calle.

Y ahora viene el desenlace de la historia. Desenlace que ni usted ni yo sabemos, hasta que alguien lo haga. Hasta que alguien convierta en una realidad todo lo previo, para saber la respuesta de la chica. Y ahí sabremos si usted -o quien lo haga- consiguió agregarla a su Facebook; o terminó prefiriendo que el LHC acabe con el mundo para no tener que soportar semejante humillación.

Reparto de Sueños

[Leyendo el gran libro Crónicas del Ángel Gris, de Alejandro Dolina...]

Sueños rojos, azules y verdes,
Tengo sueños de todos los colores.
Sueños blancos y sueños rosados
Para todas las pibas de Flores.

Hay un sueño, tan largo
Que al soñarlo se escapa la vida.
Y uno corto que es como un suspiro
Quien lo sueña, sueña que suspira.

En esta canasta
yo traigo, señores
los sueños famosos
del barrio de Flores.

Tengo un sueño, dorado, imposible,
Tan hermoso que todos lo quieren
Y otro negro, perverso y terrible:
El que no se despierta se muere.

Tengo aqui, para dar a los pobres
Lujosisimos sueños reales.
Son los mismos que sueñan los reyes,
al soñar somos todos iguales.

En esta canasta
yo traigo, señores,
los sueños famosos
del barrio de Flores.

Alejandro Dolina.

Dicen que Dylan - Joaquín Sabina

Gasta sombrero de castor y viejas botas,
luce un bigote menos Groucho que Chaplin,
sin él mi vida hubiera sido más idiota,
dicen que Dylan anda suelto por aquí.
Rasca el piano y la guitarra a su manera,
sopla una armónica, canta con la nariz,
she’s like a woman me tiró por la escalera,
dicen que Dylan anda suelto por aquí.
Los de la Expo lo han sacado en rogativas,
claro que sé quién me ha robado el mes de abril,
no hay mejor musa que un amor a la deriva,
dicen que Dylan anda suelto por aquí.
Look talibán de trovador de Minnesota,
del Greenwich Village al Olimpo de París,
atina más si desafina cualquier nota,
dicen que Dylan anda suelto por aquí.
Aunque un mal día le besó el anillo al papa
se lo perdono porque blowing in the wind
porque sacude el corazón por la solapa
dicen que Dylan anda suelto por aquí.
Hace unos años nos cruzamos por la calle,
llevaba puesta su camisa de arlequín,
no me atreví a balbucear nunca te calles,
dicen que Dylan anda suelto por aquí.
Por su diván cruza la noche una autopista,
brilla en su cuello una medalla de carmín,
el escenario es el hogar del trapecista,
dicen que Dylan anda suelto por aquí.
No esperes nunca que vomite o finja un hola,
genio y figura, Kansas City es Chamberí,
si muere el cielo, si es agosto y estás sola,
dicen que Dylan anda suelto por aquí. 

 

Joaquín Sabina, en Interviú (2008)

Encuéntrame en la mañana

Encuéntrame en la mañana. En el bar de la esquina que ya conocés. Voy a estar en la ventana, tomándome mi café. Habrá un pequeño vaso, con agua hasta la mitad. Dos sobres de azúcar destrozados, un cuaderno y algo para gabaratear. Voy a estar al lado de la ventana, con mi perfil izquierdo salpicado por el sol. Voy a estar sentado, mirándome el reloj. Va a ser una mesa para cuatro, pero solo voy a estar. Impacientándome con el tiempo que avanza, pero vos que no llegás.
Entonces no van a ser dos sobres destrozados, sino un cementerio de papelitos. Perdón, querida, pero vos todavía no estás. Voy a estar en la ventana, imaginándote llegar. Voy a estar espiando la calle y sintiendo la gente pasar. Soñando con un suspiro, que sería tu saludar.
Voy a estar esperándote, pero no vas a llegar. Encuéntrame en la mañana, si te animás a hablar.

Del tema de Bob Dylan, ‘Meet me in the morning’, solo tiene el título.

Adiós, vacaciones, adiós

Hoy se terminan mis vacaciones. Mañana empiezo las clases, pero no creo que se me terminen mañana, no, no. Hoy se me terminan las vacaciones.

De todas formas, podría autodeclararme satisfecho. Y no sé ni siquiera por qué lo digo en condicional: me autodeclaro satisfecho. Desde fines de febrero (días más, días menos) estoy seguro que estas vacaciones del 007-008 fueron las mejores vacaciones de todas las que pasé… hasta ahora. Lo puedo decir sin titubear, sin dudarlo. Fueron variados y diferentes motivos, pero creo lo que lo hace genial es eso: que hubo demasiados motivos. Si me tendría que poner a buscar razones podría llevarme bastante tiempo porque siempre me acordaría de otra cosa nueva y así. Fueron unas vacaciones bastante completas.

Sin embargo, que se acaben no me desmotiva para nada. Al contrario, me hace pensar que como llegaron éstas, pueden llegar mejores, y no solo vacaciones, sino periodos de tiempo. Tengo la extraña pero constante fe que este año va a ser muy bueno, y no por las cosas que sucedieron hasta ahora (por ir dos meses del año ya conseguí bastante), sino por una sensación de esas que son difíciles de definir, pero uno puede identificarlas. Algunos la llaman intuición, otros la llaman corazonadas, y otros ni siquiera le prestan atención. Yo estoy confiado que este año puede ser muy bueno. Y no me refiero tanto a esos proyectos en los que siempre me estoy metiendo, sino que hablo a otro nivel más llano y personal.

Así que mañana empiezo el colegio, pero no me va a caer mal, como otros años, la vuelta a las responsabilidad estudiantiles. Lo voy a tomar como el comienzo de una etapa nueva simplemente; como la rueda que gira siempre y volvió al lugar de marzo donde siempre nos toca retomar estas actividades. Pero esta vez, voy a hacer lo posible para que en ese nivel llano y personal que mencioné arriba, sea todo mejor.

La última aclaración válida para este post es que cuando me refiero al nivel llano y personal no es otra cosa que estar bien con uno mismo. Porque al fin y al cabo si uno está bien con uno mismo y las cosas que hace y vive, uno es feliz. Y así es probable que todo lo que luego uno siga haciendo, vaya saliendo mejor.

Adiós, vacaciones! Nos volveremos a ver!

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