Dejame de Joder

Vicios

Hoy voy a contarles sobre dos de los múltiples vicios que fuimos adquiriendo y perdiendo durante nuestra vida con Patricio. Uno de ellos, más que un vicio, fue un hábito que tuvimos en una época bastante lejana ya. Éramos peques, digamos unos 9 años, y duró hasta los 12, 13. Alguna vez se repitió más adelante, pero nunca con tanta frecuencia.
Es bien sabido por todos la pasión que le agarra de vez en cuando a Patricio por el fútbol. Y también el comentó en mi blog sobre los partidazos jugados en mi diminuta habitación. Pero algo que no mencionó (lo hizo pero muy brevemente y sin explicación), es que también fuimos jugadores de cancha grande. Casi todas las semanas íbamos al parque patricios a jugar partidos 2 vs 2, en equipos que estaban formados por: Patricio-Padre de Patricio, y Hermano de Patricio-Germán (ven, soy casi de la familia :P ).
Normalmente ganaba su equipo, pero estoy seguro que las veces que ganaba el mío, los partidos eran mucho más emocionantes. Una vez definimos por penales, y el pateó con toda la presión del mundo. Le vi en sus ojos el miedo y pude atajarlo. Es increíble -y un poco triste- que todavía recuerde ese momento como el gran triunfo jaja. Seguro él recuerda muchos más, como una vez en el Parque Ameghino en que hizo el gol definitorio él solo, creyéndose Messi. Aunque Messi ni existía todavía.

Le dice el lobo al principito: “Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, ya desde las tres comenzaré a estar feliz. Cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré”. Esta sensación la experimentábamos cada vez que sentíamos que íbamos a ir a jugar. La decisión de ir dependía de su papá, y su hermano. Entonces muchas veces nos poníamos en el balcón, y nos pasábamos horas cantando canciones y descifrando la forma de las nubes para saber qué nos decían. Una vez, dijeron “no” (es decir, el típico juego de encontrarle formas, pero encontrábamos palabras), y fuimos a jugar. Otras veces, fue al revés. Y otras, en una coincidencia cósmica, las nubes tuvieron la razón. Además, había cábalas. Determinadas canciones traían un tipo de suerte, y otras servían para obtener otras cosas. No recuerdo cual fue el último partido, pero sé que no debe ser tan lejano. Lo que sí sé, es que ya está medio envejeciendo El vecino, y cuando vuelva de Bariloche no me quiero ni imaginar cómo está. Así, que si quieren prenderse le organizamos el partido despedida.

Otro vicio tiene relación con las cartas y el juego. En especial por el póker -que luego él trasladó en soledad hacia el Black Jack-, ya que después de que ambos leímos Corazones en la Atlántida, de Stephen King, quisimos tener nuestra jerga lúdica. Nunca lo conseguimos, es más, quizás sólo yo quería eso; pero nos entretuvimos mucho. Usábamos monedas como símbolo de la apuesta, y lo tomábamos con seriedad. De todas formas, no es mi punto hablar de las cartas y los vicios de ese tipo, sino de esas monedas que usábamos.
EL juego de nuestra infancia (con todas letras habidas y por haber) se llamaba “Las Valijas”. Fue creo lo más original que hicimos juntos, lo que más duró, y también lo más divertido. Venía él todas las tardes a casa, o yo a la suya, y jugábamos a ser empresarios. Las empresas de Patricio eran extramedamente volátiles, nuncá duró mucho con ninguna de sus empresas. Yo en cambio siempre tuve la misma-re aburrido! jaja- que nació originalmente de un equipo de básquet, que luego fabricó merchandising de ositos de peluche, después un equipo de fútbol-que hacia competencia con el de Patricio que siempre me ganaba los partidos importantes, etc.
Él empezó por el volley, re embolanete. Nuestro sistema era medio extraño. Teníamos cuadernos donde anotábamos la plata que teníamos, y las ganancias o pérdidas estaban determinadas por el azar de un par de dados. Claro que muchas veces peleamos por eso “Te rebotó en la pierna, va de nuevo” “No, qué va de nuevo, perdiste un millón de pesos, jodete por boludo” y así muchas veces. Lo mejor de todo es que nuestros personajes empresarios, eran amigos, y se juntaban en el Bar Ruta 3 a tomar algo por las tardes. Como éramos chicos pedíamos cosas que nunca pedíamos en la vida real. Hay papeles donde dice “Pedí 5 paquetes de palitos, 12 de chizitos, 9 de frenchitas (frenchitas!), 4 litros de coca” Y otras cuantas tan exorbitantes como estas. En fin, nunca pudimos hacer funcionar un negocio juntos. Patricio tuvo mil empresas, que me ganaban en todo pero por periodos breves. A la larga terminé siendo mejor empresario y hoy en día me lo recrimina. Le compré su libertad por plata virtual, que gastó él jugando a las cartas. Sin embargo, era increíble.

Chico, no parábamos de reír.

3 Comentarios »

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  1. Uno de los post más dulces que leí, creo! :)
    Además, esa foto es mas que tierna acompañando el texto!

    No sabes que yo tmb jugaba a encontrarle formas a las nubes? Hasta ahora lo hago a veces… pero con mucha menos imaginacion que cuando era chiquitita.!

    Toda una vida de amistad la tuya con Pato,que lindo! Ya varias de las cosas las sabía pero de la forma en las q las escribiste las hicieron cada vez más lindas!

    Besos Ger! nos estamos hablando! :)

    Comentario por Flor! — September 28, 2008 #

  2. y que cantaban cuando eran mas chicos?

    Definitivamente ya tenian caras de programadores :O hahahaha

    Comentario por gabriux — September 29, 2008 #

  3. Jajajaja… La rompen ustedes con sus anecdotas de chico. Me mató lo de las Frenchitas… ¡Qué viejo eso! Me agarró la nostalgia… Mejor me voy.

    Comentario por Félix — September 29, 2008 #

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