Matemáticas, y mirar el problema desde otro lado
Pablo Amster es un matemático, profesor de la Universidad de Buenos Aires, que suele dar charlas y seminarios sobre el tema. Suele, para estos casos, empezar con un cuento que relacione la matemática con las cosas cotidianas. Este texto-comenzador-de-charlas quizás no tenga mucho de cotidiano, pero tiene un mensaje fundamental en el fondo. Se los dejo para que le saquen el mayor provecho posible. Por mi parte, es una de esas cosas que me gusta releer de vez en cuando para revitalizar todo el entorno…
Una conocida serie checa de dibujos animados cuenta, en sucesivos capítulos, la historia de una princesa cuya mano es disputada por un gran número de pretendientes. Éstos deben convencerla: distintos episodios muestran los intentos de seducción que despliega cada uno de ellos, de los más variados e imaginativos. Así, empleando diferentes recursos, algunos más sencillos y otros verdaderamente magníficos, uno tras otro pasan los pretendientes pero nadie logra conmover, siquiera un poco, a la princesa.
Recuerdo por ejemplo a uno de ellos mostrando una lluvia de luces y estrellas; a otro, efectuando un majestuoso vuelo y llenando el espacio con sus movimientos. Nada. Al fin de cada capítulo aparece el rostro de la princesa, el cual nunca deja ver gesto alguno.
El episodio que cierra la serie nos proporciona el impensado final: en contraste con las maravillas ofrecidas por sus antecesores, el último de los pretendientes extrae con humildad de su capa un par de anteojos, que da a probar a la princesa: ésta se los pone, sonríe y le brinda su mano.
***
La historia, más allá de las posibles interpretaciones, es muy atractiva, y cada episodio por separado resulta de una gran belleza. Sin embargo, sólo la resolución final nos da la sensación de que todo cierra adecuadamente. En efecto: hay un interesante manejo de la tensión, que nos hace pensar, en cierto punto, que nada conformará a la princesa. Con el paso de los episodios y por consiguiente, el agotamiento cada vez mayor de los artilugios de seducción, nos enojamos con esta princesa insaciable. ¿Qué cosa tan extraordinaria es la que está esperando? Hasta que, de pronto, aparece el dato que desconocíamos: la princesa no se emocionaba ante las maravillas ofrecidas, pues no podía verlas. Así que ése era el problema. Claro. Si el cuento mencionara este hecho un poco antes, el final no nos sorprendería. Podríamos admirar igualmente la belleza de las imágenes, pero encontraríamos algo tontos a estos galanes y sus múltiples intentos de seducción, ya que nosotros sabríamos que la princesa es miope.
No lo sabemos: nuestra idea es que la falla está en los pretendientes, que ofrecen, al parecer, demasiado poco. Lo que hace el último, ya enterado del fracaso de los otros, es cambiar el enfoque del asunto. Mirar al problema de otra manera. De no saber ya ustedes [Pablo se refiere aquí a los estudiantes de Bellas Artes que eran sus interlocutores] de qué trata este curso, quizás se sorprenderían ahora como se sorprendieron con el final de la historia anterior: vamos a hablar (o estamos hablando) de matemática.
En efecto, hablar de matemática no es solamente demostrar el teorema de Pitágoras: es, además, hablar del amor y contar historias de princesas. También en la matemática hay belleza. Como dijo el poeta Fernando Pessoa: “El binomio de Newton es tan hermoso como la Venus de Milo; lo que pasa es que muy poca gente se da cuenta”.
Muy poca gente se da cuenta… Por eso el cuento de la princesa; porque el problema, como adivina el último de los pretendientes, es que “Lo más interesante que hay en este país, no se lo ve” (Henri Michaux, “El país de la magia”). Muchas veces me sentí en el lugar de los primeros galanes. Así, siempre me esforcé por exponer las cuestiones matemáticas más bellas, pero la mayoría de las veces, debo reconocerlo, mis apasionados intentos no tuvieron la respuesta esperada.
Trato esta vez de acercarme al galán humilde del último capítulo. De la matemática, según Whitehead “la creación más original del ingenio humano”, hay bastante para decir. Por eso este curso. Sólo que hoy prefiero también yo mirar las cosas de esa otra manera, y empezar contando un cuento…
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A mi me sacó el suspenso porque ya la conocia pero como cuento (?) jaja. Sin embargo está bueno que trate de ver las cosas de otra manera. Igual, nunca le voy a encontrar esa belleza a la matemática :p
Comentario por Germán — August 21, 2008 #
Técnicamente el texto es de Paenza citando a Amster.
Hasta los tres asteriscos, es como Adrián reescribió la historia de Pablo, después es la interpretación de la historia por el mismo Paenza.
Está en uno de sus “Matemática… ¿Estás Ahí?”.
Y creo que no hace falta que te lo aclare a vos Pato, pero para los demás: estoy fervientemente en contra de la última oración de Germán. Las matemática es muy bonita desde donde se la mire :p.
¡Saludos!
Comentario por Fepe — August 21, 2008 #
Iba a comentar lo mismo que Fepe xD sobre el texto, el cual me parecía conocido y efectivamente lo había leído en Matemática… ¿Estás ahí?.
Con respecto a la belleza de las matemáticas creo que depende de como lo mire cada uno. Osea, hay mucha gente, profesores por lo general que intentar, hasta por la fuerza, amar a la Matemática. Me parece que no debería ser así.
En mi caso, prefiero tirarme más para el lado de la Física; obviamente ésta se maneja con la Matemática pero ese es otro tema. De todas maneras yo también opino que las Matemáticas tienen una belleza oculta… o no
Saludos.
Comentario por Sebas — August 21, 2008 #
Lo bueno de las matemáticas depende siempre de que tan buena esté tu profesora.
Comentario por Negro — August 22, 2008 #