Dejame de Joder

Back to the past

Diez años atrás, o "si diez años después" para el rockero amigo

Diez años atrás, o "si diez años después" para el rockero amigo

Son ya 18 años, de los cuales efectivamente, te los conozco todos.
Conozco los primeros, cuando mientras el sol del verano incendiaba a la ciudad con su calor; como si fuese nada, nosotros íbamos y veníamos por ese infinito pasillo -que muchos dicen que separa nuestras casas, pero el tiempo nos mostraría que todo lo contrario, las une- vistiendo solamente nuestros calzoncillos. Los conozco, y muy frecuentemente vuelven. A veces nos veo corriendo por allí. Aunque es una actividad que recientemente reiniciamos (para la tribuna femenina fanática de Patricio, no, ya no es más en calzoncillos), mudando y cambiando el juego. La pelota de fútbol americano que atraviesa el aire, o la otra que pega en la pared y la va rompiendo con sus pequeñas piedras, como aquellos recuerdos que ciertas veces creemos olvidados, pero que en realidad sólo están de forma diferente, inaccesibles (ya que el proceso de la memoria está en el cerebro, y no en el corazón).
Conozco los otros años, también de infancia, conozco películas de Batman sin cámara ni guión pero que tenían un atractivo mayor que las que vemos en el cine. Conozco muchas de las sillas de tu casa, y también conozco ese banquito cabulero que tantas victorias virtuales me dio en el winning eleven. Conozco el sabor amargo de cuando te ponés histérico y encaprichado con algo (como aquella vez que sólo querías ver esa película), y cuando te enojás, y me enojo porque te enojás. Conozco tus manías en el MSN, y en las charlas. Te conozco con ganas de inventar una broma interminable sobre cocaína y marihuana distribuida por nuestro dealer Sergio, y también con ganas de romperme la cabeza por hablar y hablar mientras la gente nos mira mal.
Te conozco. ¡Y cuánto! Los primeros años de adolescencia, donde aquellos paraísos perdidos, parecían otra cosa. Conozco a cada una de las mujeres que quisiste alguna vez, incluso las innombrables (aunque todas lo fueron mientras fueron). Soporto –no conozco ni entiendo- tus ataques de coleccionismo o fanatismo por algunas cosas.
A veces, incluso los envidio.
Conozco, y tengo presente casi de forma física, al diente que clavaste en mi cabeza, luego de festejar un gol.
Veo a un ventilador, y recuerdo a mis peluches volando hacia él.
Veo una calle, la mayoría de las calles, y recuerdo haber caminado con vos por ahí. A veces recuerdo ciertos chistes, o ciertos pensamientos filosóficos como esos que nos surgen de vez en cuando.
Salgo a la puerta de casa, y recuerdo aquella mañana en la que vimos el amanecer con vestigios de vaqueros.
Conozco la diferencia entre las cosas que hacés por que querés, y las que hacés sólo por los demás, gratuitamente. Y conozco las que hacés “gratuitamente”, cuando la palabra correcta es “tácticamente”.
Conozco las cosas que vas a pensar “¿nombrará este recuerdo?, ¿nombrará este otro?, ¿hablará de esto?,¿hablará de lo otro?
Conozco las bromas efímeras. Y también conozco las bromas eternas, esas en las que te digo “soy mejor que vos a esto”, “soy mejor que vos a lo otro”.
No admito que me ganes ni al ajedrez, ni al fútbol, ni al winning eleven, ni al juego matemático del colectivo, ni discutiendo sobre un tema al azar. Tampoco al Risk (que jugamos como mucho cuatro veces), y por supuesto, ya tendrás asumido tu inferioridad en las valijas y en Angliuca.
Pero admito otra cosa, mucho más pudorosa pero no por eso irreal. Admito con orgullo de amigo, que sos mejor que yo.

Feliz cumpleaños.

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